Historia

Reseña Institucional

Nuestro colegio pertenece al Obispado de Lanús-Avellaneda desde el año 2017, anteriormente pertenecía a La Asociación Cultural de Beneficencia Femenina “Damas de la Asunción”, que fue inaugurada en el año 1969 en Gerli, Lanús, Provincia de Buenos Aires. Ubicado en la manzana rodeada por Burela, Anatole France, Sarmiento y Bueras, posee amplios espacios verdes y diversos patios para cada uno de los niveles que allí conviven. En sus instalaciones podemos encontrar un laboratorio, biblioteca, dos salas de informática, una sala de música, amplio salón de actos, cursos para actividades artísticas, la capilla, corredores techados y baños separados para todos los niveles y un espacio audiovisual para cada nivel.
A lo largo de los años transcurridos desde su creación, el sistema educativo de la Provincia de Buenos Aires sufrió modificaciones a las que la escuela fue adaptando su estructura y organización.
Toda la comunidad es responsable del funcionamiento del mismo y de su continuidad y queremos ser fieles al espíritu con que fue fundado, formando hombre y mujeres capaces de transformar la sociedad según los valores del Evangelio.
Desde 1969 con la llegada de las Hermanas a Gerli, comienza a funcionar un Jardín de Infantes y una Escuela Primaria que atendían a niños de 3 a 12 años. A partir de 1996 se prolongó la obligatoriedad por 3 años más constituyendo en este período lo que es en la actualidad el Secundario Básico. Desde marzo de 2010 en la Provincia de Buenos Aires fue obligatorio el Nivel Secundario completo agregando 3 años más que conforman el Nivel Superior del Secundario.
Con el ofrecimiento del Nivel Secundario completo respondemos a una aspiración que desde siempre expresó nuestra comunidad y a una necesidad del proyecto educativo de La Asunción de acompañar en su proceso de formación a los jóvenes hasta los 18 años para que puedan comprometerse en proyectos solidarios.

Nuestra Fundadora

Ana-Eugenia Milleret nace en 1817 en Metz (Francia). Dotada de gran sensibilidad, de bondad, generosidad y rectitud, recibe de su madre una educación que le da un carácter fuerte y el sentido del deber y la vida familiar desarrolla en ella una curiosidad intelectual, un interés por las cuestiones sociales, una amplitud de mirada que pondrá al servicio del reino.
En su primera comunión tuvo una fuerte experiencia mística de donde surgirá su vocación y muchos elementos de nuestro carisma. Sólo más tarde, captará el sentido profético de esta experiencia.
A los 19 años, asiste a las Conferencias cuaresmales en la Catedral de París, predicadas por el Padre Lacordaire. Este dominico, reformador de su orden en Francia, estaba animado por la visión de una Iglesia renovada que debería jugar un papel nuevo en el mundo, comprende su tiempo y quiere cambiarlo. Conoce los interrogantes y las aspiraciones de los jóvenes, su idealismo y su ignorancia sobre Cristo y la Iglesia. Su palabra llega al corazón de Ana-Eugenia, responde a sus propios interrogantes y despierta en ella una gran generosidad.
En este momento, conoce a otro predicador, el Padre Combalot que soñaba desde hacía tiempo con una obra de educación. Estaba convencido que, solamente a través de la educación, se podría evangelizar las inteligencias, hacer que las familias fuesen verdaderamente cristianas y así transformar la sociedad. Ana-Eugenia acepta este proyecto como un deseo de Dios.
En 1839, María Eugenia se convierte en Fundadora de las Religiosas de la Asunción junto con otras dos jóvenes. Empiezan una vida comunitaria de oración y de estudio en París. En 1841, abren el primer colegio.
Las primeras hermanas de la Asunción quisieron unir los antiguos tesoros de la espiritualidad y de la sabiduría de la Iglesia con una nueva forma de vida religiosa y de educación que respondieran a las necesidades de las mentalidades modernas. ”La nueva Congregación, contemplativa y apostólica, desarrollará una espiritualidad centrada en Cristo y en el misterio de la Encarnación”.
María Eugenia de Jesús muere el 10 de marzo 1898. Fue beatificada por Pablo VI (1975) y canonizada por Benedicto XVI (2007).

Ana-Eugenia Milleret

Fachada

Me sentía realmente convertida, escribe, y sentía el deseo de entregar todas mis fuerzas, o más bien toda mi debilidad, a esta Iglesia que desde entonces me parecía que era la única que poseía aquí abajo el secreto y el poder del bien.